03.12.07 15:49 Antiguedad: 4 yrs

En medio de una feroz violencia, las iglesias filipinas construyen la paz

 

Durante el culto celebrado en memoria del obispo Alberto Ramento asesinado en octubre de 2006: Presentación teatral ilustrando la opresión po la cual pasan las Iglesias por defender los derechos humanos.

 

Por Maurice Malanes (*)

 

Enfrentándose a la violencia y la muerte, las iglesias de Filipinas contribuyen a la construcción de la paz en su nación del Sudeste Asiático, en la que continúa el fragor del conflicto armado, especialmente en el campo. Fomentada por la intensa militarización, la lucha hace pagar frecuentemente un pesado tributo a personas civiles inocentes, especialmente mujeres y niños.

 

Junto con grupos de derechos humanos, las iglesias del país han elevado sus voces contra la violencia y el saqueo de cuatro decenios de conflicto armado. Han criticado también la falta de acceso a la tierra que padecen miles de agricultores, a pesar de la aplicación por el gobierno de un programa agrario que se supone "comprensivo".

 

Muchos trabajadores de las iglesias pagan con sus vidas su expresión de apoyo a las madres enviudadas y a los niños que han quedado huérfanos, víctimas de la guerra del gobierno contra la rebelión. Sus nombres figuran entre las más de 800 víctimas de ejecuciones extrajudiciales registradas desde 2001 por el servicio independiente de vigilancia de los derechos humanos, Karapatan.

 

Una de las víctimas mejor conocidas es el Obispo Alberto Ramento, de la Iglesia Filipina Independiente de origen nacional. Implacable defensor de los derechos humanos y de los trabajadores, Ramento fue asesinado a puñaladas en octubre de 2006.

 

Zonas de paz que salvan vidas de personas civiles

 

Los esfuerzos de las iglesias en favor de la paz tienen que enfrentarse con lo que los politólogos llaman "una cultura militarista", heredada de la dictadura de quien fue el potente Ferdinand Marcos, que gobernó el país bajo la ley marcial desde 1972 hasta que una revolución militar apoyada por civiles lo derrocó en febrero de 1986.

 

Sin embargo, la desafortunada tragedia, como dice el sacerdote anglicano, Rev. Rex Reyes, del Consejo Nacional de Iglesias de Filipinas, es que las administraciones que le han sucedido han mantenido a muchos de los generales y otros oficiales militares de Marcos.

 

Según muchos observadores, la creciente adhesión al Nuevo Ejército Popular, brazo armado del clandestino Partido Comunista de las Filipinas (Maoísta), se debe al régimen de represión de Marcos, que impulsó a jóvenes activistas a unirse a la guerra de guerrillas que se combatía desde 1969.

 

Además del Nuevo Ejército Popular, existe también el Frente Moro de Liberación Islámica que, desde la década de 1970, intenta establecer un estado islámico independiente en el sur de Filipinas.

 

Aunque se señala que, después del derrocamiento de Marcos, han disminuido las filas del nuevo ejército popular, el Gobierno sigue utilizando sus tácticas militares: "drenar el agua para capturar el pez", intimidando o incluso ejecutando a miembros de comunidades acusados de apoyar a los rebeldes. La fuerte presencia de militares en las comunidades ha puesto en peligro en muchos casos las vidas de civiles inocentes, especialmente mujeres y niños indefensos, que se encontraban atrapados entre las líneas de fuego.

 

Por estas razones, una de las iniciativas impulsadas por las iglesias es la de establecer "zonas de paz" en las comunidades donde se enfrentan frecuentemente los militares y los rebeldes. Para hacerlo, los dirigentes de las iglesias y las comunidades afectadas apelarían en primer lugar a ambos frentes a que respeten lo que denominan una zona de paz, explica el Rev. Carlos Méndez, de la Iglesia Episcopal de Filipinas.

 

Méndez fue uno de los líderes de las iglesias con quienes se reunieron el secretario general del Consejo Mundial de Iglesias (CMI), Rev. Dr. Samuel Kobia, y una pequeña delegación ecuménica, durante la visita que realizaron del 18 al 21 de noviembre a esta nación predominantemente católica de 86 millones de habitantes.

 

"La idea consiste en que ni los militares ni los rebeldes puedan entrar en la zona de paz designada, con lo que se reducirían, y de ser posible se evitarían, las víctimas entre personas civiles que, de otra forma, podrían quedar atrapadas entre las líneas de fuego", explica Méndez. Una zona de paz puede abarcar toda una zona densamente poblada o el centro de una ciudad. Méndez señala que las zonas de paz establecidas por la iglesia en el norte de Filipinas se están considerando como modelos que otras comunidades desearían copiar.

 

Teniendo en cuenta este continuo estado de rebelión, el Consejo Nacional de Iglesias de las Filipinas, que agrupa diez iglesias protestantes tradicionales, ha pedido reiteradamente al gobierno que celebre conversaciones de paz con el Frente Democrático Nacional, agrupación de organizaciones clandestinas dirigida por el Nuevo Ejército Popular y el Partido Comunista de las Filipinas. Pero las conversaciones de paz se han estancado porque las administraciones de Filipinas y de los EE.UU. consideran a ambas organizaciones como "grupos de terroristas".

 

"A pesar del estancamiento, no abandonamos nuestras esperanzas de que ambos contendientes terminen por resolver el conflicto armado en una mesa de negociaciones, y no a cañonazos", dice la secretaria general del Consejo Nacional de Iglesias de Filipinas, Sharon Rose Joy Duremdes.

 

Musulmanes y cristianos unidos en favor de la paz

 

La Iglesia Metodista Unida de las Filipinas ha elaborado recientemente un acuerdo con Muslim Aid, organismo musulmán de socorro y desarrollo, para proteger a las víctimas civiles de la guerra, especialmente a las mujeres y los niños, no sólo en el sur de Filipinas, sino también en otras partes de Asia, dice el Obispo Metodista, Solito Toquero.

 

Otra iniciativa de paz procede de la Conferencia de Obispos-Ulama. Se trata de un grupo de obispos católicos y protestantes y de líderes musulmanes y de pueblos indígenas, que se propone ayudar a construir la paz en la isla de Mindanao al sur de las Filipinas, lugar del movimiento secesionista islámico.

 

La Conferencia ha designado la última semana de noviembre como la "Semana de Paz de Mindanao". Por medio de foros públicos y debates en mesa redonda, líderes cristianos, musulmanes e indígenas tratarán de entenderse unos con otros.

 

"La paz es nuestro objetivo último", dice el Obispo Antonio Tobías, presidente de la Comisión Ecuménica de la Conferencia Episcopal Católica del país. Por medio de conversaciones con líderes musulmanes, "creamos un clima que conducirá a la celebración de conversaciones de paz entre el Gobierno y el Frente Moro de Liberación Islámica".

 

La Conferencia de Obispos-Ulama puede reproducirse en Manila, por medio del diálogo Sacerdotes-Imanes constituido recientemente, dice el P. Carlos Reyes, que coordina el ministerio ecuménico interreligioso de la Archidiócesis Católica de Manila.

 

Tobias y Reyes formaron parte del grupo de dirigentes católicos que dio la bienvenida a Kobia y a la delegación del CMI durante un diálogo informal hospedado por la Conferencia Episcopal Católica el 21 de noviembre.

 

Animado por los múltiples esfuerzos de construcción de la paz impulsados por las iglesias de Filipinas, Kobia alentó a los dirigentes eclesiales del país a que hagan su aportación a una declaración ecuménica sobre la paz justa. Esta Declaración será uno de los resultados de la Convocatoria Ecuménica Internacional por la Paz, que se celebrará en 2011 con el tema "Gloria a Dios y Paz en la Tierra". La Convocatoria señalará la culminación del Decenio del CMI para Superar la Violencia.

 

"Espero una importante contribución del pueblo filipino", dijo Kobia a los dirigentes de las iglesias, "teniendo en cuenta los casos de violencia e injusticia que padece su pueblo y su lucha en favor de la paz y de una sociedad en la que todos los filipinos puedan vivir con dignidad e igualdad ".

 

 

(*) Maurice Malanes es un periodista independiente de las Filipinas. Actualmente es corresponsal de Noticias Ecuménicas Internacionales (ENI), y escribe también para el periódico Philippine Daily Inquirer, con sede en Manila, y la Unión Católica de Noticias de Asia (UCAN), con sede en Bangkok.

 

Más información sobre la visita del secretario general del CMI a las Filipinas (en inglés)

 

Crónica: Cristianos filipinos testifican sobre los malos tratos causados a hermanos, hijos y maridos

 

Más información sobre la convocatoria ecuménica internacional por la paz

 

Véase también el sitio web del Consejo Nacional de Iglesias de las Filipinas